AGUA DURA Y LAMINADA Magdalena Vial

En el grupo de obras aquí expuestas la madera es a la vez el soporte y la estructura de un lenguaje. Este se articula mediante el tallado de la superficie material: por devastación y diferenciación cromática, compone un territorio simbólico asociado al paisaje.

La gubia dibuja escrupulosamente, remarcando en su curso significante, lo vernáculo, lo primitivo y lo artesanal; construyendo una geografía dada por surcos e incisiones, rasgados y desbastes, que se organizan de manera rítmica, generando zonas relevantes de forma y color. En algunas obras el color pone de manifiesto el relieve al apozarse la pintura en los huecos de la madera y, en otras, a través de las distintas capas o láminas de terciado que quedan al descubierto, visibles, una vez tallada la superficie.

“Agua dura y laminada” es una frase que, en forma poética, encierra en sí una interesante contradicción: representar un material fluido y móvil como es el agua utilizando un soporte rígido y duro como lo es la madera. La palabra “laminada” se relaciona, por una parte, con la organización estructural de la madera, y por otra, con la fluidez del agua cuya movilidad ocurre por el deslizamiento de capas adyacentes. Es un verso tomado en préstamo del gran poeta ruso Arseni Tarkovsky.

Más allá de la referencia al paisaje, “Agua dura y laminada” busca expresar, a través del ritmo en el acto de tallar y desbastar y de la resistencia material que la madera ofrece, aquel trazado oculto por el cual el arte y la naturaleza se organizan.

Magdalena Vial
Santiago, 2015