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EL ARTE Y EL ARTISTA Pedro Millar

No se quiebra el hechizo de una obra si me adelanto a decir que ha tenido su punto de origen en otra obra pictórica, distante en el tiempo y estilos de hacer. Para esta relación, con una historia en el arte, se podría hablar en términos de alusión o referencia, y con menos rigor, de cita, ya que lo que se toma en préstamo no es ni un estilo ni un lenguaje pictórico, sino -imagino- ciertas señales que, en los temas de la obra aludida, aparecen teñidos de un contenido moral.

¿ Qué hay en la serie de pinturas sobre la vida de San Francisco, conservadas al abrigo del mundo, que mueva la sensibilidad de una artista hacia la acción creativa y la lleve a descubrir un nuevo punto de partida para su propia obra? Adivino que todo lo sagrado que en nuestros días ha dejado de serlo: lo íntimo y lo público, la renuncia a los bienes del mundo, los prodigios y milagros de la vida. El orden litúrgico a la hora de la merienda, el valor de las cosas esenciales: frutas y fruteros, duraznos y ajíes, cristales barrocos, el agua y el vino, detrás de los cuales se adivina la palabra, se construye una alegoría, un mito, un acertijo moral. Así el arte y el artista viven en los objetos, en la atmósfera en que éstos se nos revelan y desde los cuales se despliegan los temas y el lenguaje de la pintura.

La obra pictórica desarrollada por Magdalena Vial, siendo como es un trabajo de la sensibilidad, no es la pura sensibilidad, es la sensibilidad en un marco de reflexión ; tanto como se acerca a la obra de referencia, en el plano del contenido, tanto se distancia de ella, en el plano del lenguaje.

En el proceso de invención de su trabajo artístico se habla asimismo de lo social y de lo que es oscuro y ejemplar; pero, esencialmente, se habla de la pintura. Y la pintura es la tenaz controversia por alcanzar un lenguaje en el sentido de convertir una emoción a su forma, de tal modo que la actividad creativa termine dando cuenta de la situación del arte en el tiempo presente.

La obra pictórica que nos ocupa, en lo experimental y fragmentario, en lo abierto y transitorio, entre lo definido y lo enigmático, ha alcanzado el rigor para ser por si misma, el signo de los tiempos, la advertencia moral, el símbolo de lo que no se puede narrar.

Pedro Millar
Santiago,octubre 2001